En el anterior artículo exploramos la posibilidad de reclamar administrativamente en materia educacional, centrándonos en lo que respecta a la Educación Escolar (parvularia, básica y media). Ahora nos ocuparemos de la otra rama, la Educación Superior (universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica), cuyo órgano fiscalizador es la Superintendencia de Educación Superior (SES).
En esta oportunidad exploraremos las causales de reclamo, el procedimiento para presentar y resolver estas reclamaciones, y las sanciones que la SES puede aplicar a las instituciones educativas.
Aunque el año escolar está por terminar, ya existe la preocupación de lo que será poder enfrentar las vicisitudes propias de la educación de niños y adolescentes, especialmente por parte de las familias, involucrando aspectos como la matrícula, la calidad de la enseñanza, aspectos materiales de los establecimientos educativos, entre otras cosas.
Así las cosas, la ley 20.529 sobre Calidad de la Educación establece reglas que permiten a los ciudadanos presentar reclamos cuando las exigencias legales no son cumplidas por las instituciones de educación escolar (parvularia, básica y media), así como un procedimiento específico para el tratamiento y resolución de estos reclamos por parte de la Superintendencia de Educación. A continuación, detallaremos las principales causales, el procedimiento y las posibles sanciones que se pueden aplicar a las instituciones educativas.
Hace unos días salió el Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, indicador en el cual Chile aparece en el lugar 43, con un puntaje de 0,851, y dentro del grupo de “Desarrollo Muy Alto”. Para ser más específicos, nos hallamos entre Croacia y Barein, y para comparar, el mejor ubicado es Noruega con 0,957 y el peor es Níger con 0,394.
Una bofetada en la cara. No puedo negar que eso ha sido la crisis política de los últimos 15 días (sí, hace 15 días nadie hubiera pensado que estaríamos tan mal). Me tocó vivir como estudiante la inolvidable «Revolución Pingüina» de 2006, en un sitio tan emblemático como la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. La otra gran protesta estudiantil, la del 2011, me tocó vivirla lejos, haciendo la práctica en Linares. Entre ellas y luego de la última hubo movilizaciones, aunque de menor calado. Pero lo que ocurrió ahora rompió las expectativas y las estadísticas.
Imagen de las protestas de 2011. Cortesía de (CC) Nicolás15
Perdonen que no esté compartiendo un artículo sobre la Revolución de 2019, pero la cosa es muy complicada de entender. Trato de hacer un análisis lo más objetivo posible, pero hay que pensarla y buscarla.
Por ello, mientras termino con lo anterior, les comparto algo que escribí hace 8 años, en medio de las protestas de ese tiempo. Lo titulé «La Revolución de 2011», y eran unas columnas que escribí en mi blog de entonces, hablando-de.blogcindario.com. Por desgracia, metí tantos links que al final me cerraron el blog por spam (por eso es que a veces desactivo los links en este blog).
Sé que está un poco desactualizado, y faltaron cosas como para complementar lo escrito. Como alguna introducción o una postdata sobre los hechos inmediatamente posteriores. También sé que para estas alturas esa «revolución» fue un juego de niños comparado con lo de estos tiempos. Pero bueno, ojalá les entretenga un rato.
En los últimos días, mi alma mater la Universidad de Chile se ha visto envuelta en escándalos referidos a la tolerancia y el pluralismo político entre estudiantes. Primero, por la agresión sufrida por una estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales debido a sus posiciones políticas, que difieren de la inmensa mayoría de quienes asisten a ese lugar. Pero me quiero centrar en lo que está sucediendo en la Facultad de Derecho, de donde egresé hace casi una década, debido a la propuesta de Estatuto para el Centro de Estudiantes de Derecho (CED), que entre otros contenidos destaca la presencia de varios “anti” en su declaración de principios. Así las cosas, el Estatuto declara al CED como un ente anticapitalista, antiespecista, anti imperialista, antipatriarcal, entre otros. Leer Más
Hace unos días CIPER, un medio periodístico conocido por sus reportajes que han cubierto temas de interés nacional, publicó una columna titulada “Cómo la elite nos hace creer que triunfa porque es inteligente y trabajadora”, en donde a grandes rasgos se plantea que el discurso en el cual la clase dirigente de nuestro país es, en el fondo, un relato mentiroso, porque promueve valores que no se practican y se omite considerar todo el elemento ambiental o social en que se desarrollan las personas.
Un detalle que para mí es importante es el uso que se le da a la palabra “élite” en el artículo. En esta ocasión, quiero desarrollar brevemente una reflexión planteando mi premisa de que aquí ese término no corresponde usarlo, ya que para el caso sólo es un eufemismo del verdadero término a utilizar, que es “oligarquía”. Leer Más