La “ola feminista” pareciera no parar en Chile. Recientes casos  con denuncias en contra de importantes personajes de la televisión y el cine no han hecho sino ahondar el conflicto,  a la vez que surgen y resurgen nuevas demandas y propuestas para solucionar el tema de la inequidad por razón de sexo o género. Cambios legales, elaboración de políticas, Planteamiento de nuevas perspectivas educacionales todo con el fin de terminar con el estado de subordinación de la mujer al varón.

Uno de los aspectos que genera más ruido es el tema del lenguaje.  Para muchos sectores, sobre todo los más inclinados a las demandas feministas, la cuestión de si usar un género u otro, aún contra las reglas gramaticales y ortográficas impuestas por la Real Academia Española y las correspondientes agencias en los otros países hispanoparlantes[1], resulta de vital importancia entendiendo la influencia que pudiera tener en la perpetuación de patrones culturales en la población que mantengan lo que llaman el “patriarcado”, proponiendo en su lugar el llamado “lenguaje inclusivo”, a veces buscando una alternativa concordante en la medida de lo posible con el sistema lingüístico imperante (el famoso “doblete” usado en algunos medios), otras veces en franca oposición a lo dictado por el órgano regulador de la lengua española (usar una letra neutra, como la X, la @ o la E).

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(CC) Robert Gordon

Como bien lo ha declarado muchas veces,  soy un “masculinista moderado”, esto es, no comulgo con aquel discurso que  pretende radicar en el sexo masculino (y sólo en él) la culpabilidad de la discriminación contra la mujer, aun reconociendo la responsabilidad que nos cabe como género en la transformación de aquellas situaciones en las que se ve afectado el principio de igualdad de sexos. Y  en el aspecto a analizar acá, si bien es plausible entender el idioma y su uso como un aspecto vinculado a la cultura de las poblaciones, no es menos cierto que tampoco puede entenderse el lenguaje como un instrumento al servicio de una ideología determinada. No podemos pretender que el lenguaje, escrito o hablado, sea objeto de un escrutinio tan poderoso como para obligarnos a estar pendientes en cada momento  de si estamos siendo políticamente correcto o no.

Genéricos Femeninos: Una Propuesta

Pero bueno aquí estamos para proponer y no sólo para criticar. Sé que para algunos mi posición puede ser considerada conservadora, o incluso retrógrada, ante una demanda que aparece como justa. Es cierto que a veces nuestro idioma suele tener ciertas características que lesionan esos intereses. Y sí, el uso del masculino como genérico o neutro, cuyo fin es el ahorro en tiempo y espacio, molesta a los que lo consideran un símbolo patriarcal del idioma. Entonces, se habla de “visibilizar a la mujer”. Y viendo las posibilidades que da nuestro idioma, para evitar por un lado esa “invisibilidad” y por otro esa molesta intención de algunos de machacar con el “doblete” a cada rato, es que propongo que se rescate el uso de esos genéricos femeninos que abundan en nuestra lengua.

En otras palabras: más genéricos femeninos.

Por un lado, con el uso de estos genéricos o neutros de género femenino se hace una mejor visibilización, que aunque simbólica, puede ayudar a reivindicar a la mujer. Por otro lado, evita esas costumbres tan artificiales y tan ideologizadas que incomodan sobre todo a los que estamos al otro lado.

La Propuesta

Como se usa, tanto en su forma “normalizada” como “progresista” Propuesta
  • Los ciudadanos / Ciudadanos y ciudadanas
  • La ciudadanía
  • Los niños / Niñas y niños, o viceversa
  • La juventud
  • Las generaciones futuras
  • Ciudadanía del mañana
  • Hombres y mujeres
  • Los chilenos / Chilenos y chilenas
  • Personas
  • Gente
  • Ciudadanía
  • Comunidad
  • Sociedad
  • Opinión Pública, etc.
  • Los trabajadores/
  • Trabajadoras y trabajadores
  • Fuerza laboral
  • Gente trabajadora
  • Población laboral o trabajadora
  • Gente o persona ocupada, etc.
  • Alumnos y alumnas
  • Estudiantes
  • Comunidad estudiantil
Magistrado[2] / Jueces y juezas En el caso de un juez individual:

  • Señoría o Usía

En el caso de un tribunal colegiado:

  • Sala
  • Corte
  • Audiencia
  • Señorías
Los usuarios / Usuarios y usuarias Dependiendo del servicio:

  • Población
  • Ciudadanía
  • Persona
Los parlamentarios / Parlamentarias y parlamentarios, senadoras y senadores, diputadas y diputados, etc.
  • Honorables
  • Señorías
  • Sala o Comisión
  • Representantes del pueblo
  • Nota: Hay términos que son neutros, como fiscal, juez, concejal, general, guardia, policía, jefe, estudiante, artista, y otros, que no requieren gran cambio (aún cuando existe aceptación en algunos de femeninos, como jueza).

Con esto no quiero pretender abolir el uso de los conceptos actuales. Para mí, la idea es restringir lo más posible el famoso “doblete” a momentos específicos (Por ejemplo, al saludar decir “damas y caballeros”, “señoras y señores”, “chilenas y chilenos”, y en puntos estratégicos a lo largo de un discurso o comunicado), y alternar entre genéricos masculinos y femeninos.

Es una propuesta breve, sencilla, una gota en medio del océano, pero espero que la tomen en cuenta. Algunos dirán que como masculinista no estoy dando la talla, pero es una concesión necesaria, para poder acercar las posiciones con el feminismo (el moderado, obviamente, no el extremismo misándrico).

Un Artículo Muy Especial del Código Civil

Código Civil, art. 25, lenguaje inclusivo, igualdad de géneroPero en toda esta discusión tenía que entrar el tema legal. Y en esto, nuestro Código Civil tenía guardada una sorpresita para todos (perdón, para toda la gente que lee esto).

Perdido en el Título Preliminar, en esos artículos que pocas veces se estudian, estaba el artículo 25, el cual reza así:

“Las palabras hombre, persona, niño, adulto y otras semejantes que en su sentido general se aplican a individuos de la especie humana, sin distinción de sexo, se entenderán comprender ambos sexos en las disposiciones de las leyes, a menos que por la naturaleza de la disposición o el contexto se limiten manifiestamente a uno solo.

Por el contrario, las palabras mujer, niña, viuda y otras semejantes, que designan el sexo femenino, no se aplicarán al otro sexo, a menos que expresamente las extienda la ley a él.”

Como ven, en nuestro ordenamiento jurídico el uso genérico del masculino aparece como norma, lo que claramente no va con las ideas de “lenguaje inclusivo”.

Uno entonces podría pensar ¿es este artículo contrario a la Constitución, que plantea que hombres y mujeres son iguales ante la ley (art. 19 N° 2 inc. final)? La respuesta no es clara, puesto que este precepto constitucional no dice mucho, y hay que complementarlo con una serie de normas del derecho internacional para dar una respuesta medianamente satisfactoria.

Como estoy en la parada de hacer concesiones, hace algún tiempo se me ocurrió que podría cambiarse el mencionado artículo del Código de Bello. Y propongo que sea por algo como esto:

“Las palabras hombre, mujer, niño, niña, adulto, adulta, y otras que tengan géneros diferenciados, se aplicarán en forma exclusiva para las personas del sexo señalado.

Cuando se quiera incluir en una disposición a personas de ambos sexos se deberán utilizar términos neutros o inclusivos, y sólo cuando sea estrictamente necesario usar la mención de ambos sexos.”.

El Estado y las instituciones públicas de toda clase deberán cumplir en sus reglamentos, escritos y comunicaciones de todo tipo la disposición del inciso precedente.

Así, se consagraría una norma que refleje la idea de inclusividad, y tenga una fuerza obligatoria para su uso en las normas y documentos oficiales.

No obstante, son muchos más los cambios que debería hacerse, en términos de “lenguaje inclusivo” (y sólo considerando el aspecto sexo o género), a un texto legal que data de 1855 y que, pese a sus continuos parchados, sigue reflejando la mentalidad de mediados de siglo XIX en algunas de sus normas. Así, aparte del cambio antes señalado, podría proponerse otros cambios en algunas disposiciones:

  • “hombres” por “personas” o “seres humanos”, en su caso (arts. 44 inc. 3°, 585)
  • “hombre” por “ser humano” o “persona”, en su caso (arts. 44 inc. 5°, 574, 608, 625, 646, 822, 831, 833 y 953)
  • “buen padre de familia” por “persona prudente” (arts. 44 inc. 4°, 818, 1939, 1979, 2288, 2323 y 2394).

Bueno, espero que masculinistas y feministas recojan el guante y hagan sus propuestas.

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[1] Sobre el particular, consultar el texto “Sexismo linguistico y visibilidad de la mujer”, emitiod por la Real Academia Española en 2012, en que se critica el exagerado uso de modos y signos ajenos al idioma, para tratar de contrarrestar el sesgo patriarcal del idioma castellano: www.rae.es/sites/default/files/Sexismo_linguistico_y_visibilidad_de_la_mujer_0.pdf

[2] Existe una costumbre en el ambiente judicial que me cae tan mal como el doblete inclusivo: la insistencia de masculinizar los cargos. Todavía es común, sobre todo en abogados de cierta edad, usar expresiones como “la MagistradO”, “la MinistrO”, “la Defensor PúblicO”, “la ConsejerO”, sin atender que la propia RAE ha criticado eso al existir los femeninos correspondientes.

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